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viernes, 8 de junio de 2012

Historia de un militante joven

Corría el año 2005. Era el cierre de la campaña municipal de Pedro –Bordaberry, pero el apellido lo agrego por un tecnicismo, porque ni él lo dijo ni yo tuve la necesidad de preguntárselo- y Leonardo Alonso tiraba fuegos artificiales desde el camión que recorría Montevideo desde la Av. Arocena hasta el Centro, donde estaba el local del Partido Colorado. Leo –debería decir Leonardo, pero así no lo conocen todos, él es Leo- se acuerda de la gente, de la adrenalina y de la lluvia, “tremenda lluvia”, dice nostálgico del que fuera el primero de muchos cierres de campaña. Así, “de a poquito, de a poquito”, fue la entrada de Alonso a la arena política.

Dos años más tarde, el 2007 lo encontró inmerso en el revuelo de las primeras elecciones juveniles del partido, cuando el entusiasmo y las ideas comunes unieron al estudiante de Derecho con Nicolás Brause, Lucio Terra y varios jóvenes más que se animaron a conformar la colorada Lista 30. El mismo año se consagraba la agrupación Vamos Uruguay, emblema de Bordaberry y su renovación joven, y la militancia de Alonso iba in crescendo, como acompañando a las circunstancias. Para las presidenciales de 2009, “la 30” se convirtió en 1030 y, con esfuerzo, la agrupación juvenil obtuvo un diputado, el treintañero Juan Manuel Garino. En el 2010 el apoyo fue para Ney Castillo, quien con su lema “Hey, votalo a Ney” quiso ser electo intendente capitalino, puesto que terminó conquistando la comunista Ana Olivera.

Tanto en una contienda como en la otra, Florencia Piquet, novia de Leo desde mayo de 2006, lo recuerda muy activo. “Le encanta todo lo que sea pintar muros, hacer pancartas, hacer timbrazos, actos, caravanas, hacer banderas, hacer remeras, las reuniones y charlas con los asesores de Pedro, con los asesores de Ney”, y Piquet, casi obligada a recuperar el aliento, sigue enumerando, “charlas con gente de diferentes partidos, de diferentes barrios, de diferentes departamentos. Porque a Pedro”, refuerza la joven, “lo sigue a donde vaya”. En esas épocas, termina Florencia, “Leo no se pierde una. Está metido en la campaña al 100 % y cómo la disfruta. Aunque termine agotado…”.

Castillo le cede el micrófono a Alonso en plena campaña por las elecciones municipales de 2010.

Pero de izquierdas y derechas, nada. “No, no. A mí me gustan las personas. No soy tan ideológico”. Tampoco nada de tradiciones familiares. Incluso cuando toda su parentela de parte de madre es blanca. “Todos, todos”. Con un bisabuelo diputado por el Partido Nacional y un tátara abuelo que peleó con Aparicio Saravia –con sus restos en el panteón familiar como constancia-, hay mucha tradición. Pero Leo se la salteó. Tampoco es que se sienta tan diferente a cualquier militante blanco de su edad. De hecho, tiene un buen amigo tras líneas enemigas. Augusto Dell‘ Ava, compañero en la facultad de Derecho de la Universidad de Montevideo y concejal blanco por el CCZ 5 (Punta Carretas), asegura que siempre hacen rancho aparte en los asados de la clase, y pasan horas hablando de política. Están de acuerdo en todo: “Si somos primos hermanos ideológicos”.

¿Por qué colorado, entonces? En el polémico gobierno de Jorge Batlle, Leo casi seguía siendo un chiquilín. Pero el bichito de la política ya le picaba por todos lados. Alumno de The British Schools, muchos de sus amigos tenían padres políticos: “Carli” era el hijo de Carlos Ramela –secretario del entonces presidente-;  Andrés, de José Amorim –ministro de Educación y Cultura en 2004- y “Bondi” (Agustín) era el segundo de los tres hijos del mismísimo Pedro Bordaberry –ministro de Turismo por aquellos días-. Leo los veía, y le gustaba lo que hacían, y se identificó con ellos, y ta. No le dio más vueltas.

Con un entorno tan politizado parecería que no hay tiempo para otra cosa que, valga la redundancia, la política. Pero sí: hay un Leo más allá del militante. Y a ese le gusta la pesca, el campo, la playa, los asados con amigos y el fútbol 5. También, o al menos así se puede leer en su perfil de Twitter, jugar al tejo. Y sí, Twitter. Porque la suya es una militancia muy 2.0. “Sinceramente, no me gusta discutir personalmente. Prefiero evitar las discusiones. Capaz que por escrito me engancho más. Capaz que me siento más confiado escribiendo que hablando”, alega el propietario de una activísima cuenta en la red social del pajarito. El miércoles se podía leer en su tuit número 861: “Como decía Winston Churchill, una democracia es como una cometa, se eleva más alto cuando hay más viento en contra...”.

Pero no solo de política vive el hombre, tampoco en el mundo digital. Así, Leo asegura que no emplea su cuenta solo para hacer activismo político, también la usa para hablar con sus amigos – tuit número 841: “¿¿Salió jugar un horcado??”. Imagen: un ‘amigo’ siendo evidentemente sofocado por su propia bufanda- o para compartir observaciones vitales -tuit número 832: “Tirale un gato... Le arruinas el día…”. Imagen: un paseador de perros rodeado por aproximadamente 17 canes-. Lejos, muy lejos, de los casetes políticos. Porque, después de todo, argumenta: “la política es tan amplia, es la forma de pensar y de ser, que hasta me parece bueno que un político haga estas cosas, porque te muestran como es el loco”.

En esa línea, de escribir más que hablar, Leo creó este 23 de mayo el grupo de Facebook “Uruguayos X + Seguridad”. Con 2.440 miembros más y un alto nivel de participación, el grupo organiza marchas y manifestaciones y sirve de plataforma para debates o meros actos de catarsis colectiva. “La situación se fue de las manos, así no se puede seguir” es lo primero que se lee en la sección de información de la página.

La (falta de) seguridad es una de sus banderas políticas más fuertes. También las deficiencias de la Intendencia de Montevideo –entre ellas la organización del tránsito- o incluso la salud pública; pero la inseguridad, como dice la novia, “le toca de cerca”.

El 30 de octubre de 2011 entraron ladrones a la casa de la familia Alonso Bauer en Carrasco. Los delincuentes se encontraron con Leo y su padre adentro y los maniataron, golpearon y robaron. Tras el violento copamiento, el ambiente del hogar se volvió aún más tenso –la sensación de inseguridad ya se sentía en el barrio y continúa hasta hoy-. No había pasado un mes cuando, en la madrugada del 29 de noviembre, los Alonso se despertaron sintiendo otra vez ruidos en las afueras de su casa. El padre bajó armado y salió al patio, queriendo ver qué sucedía, pero no encontró nada. Escuchó un grito de su esposa y volvió a entrar a la casa donde, totalmente a oscuras, percibió una sombra que se movía y disparó. Cuando encendió la luz se encontró con el cuerpo, ya sin vida, de su hija de 24 años Federica.

Dos días después se llevaba a cabo la marcha por más seguridad organizada por Leo, junto a algunos compañeros del partido, tras el copamiento que había sufrido en octubre. Sobre esos días, Florencia recuerda como “Leo tuvo la fuerza de pararse ante 4 mil personas y dar un discurso. A mí se me caían las lágrimas y tenía una piel de gallina ‘insacable’. Después Leo me dijo que la fuerza no supo de dónde la sacó, se la dio Fede”.

El juez del caso indicó, nueve días después, que el padre había actuado en legítima defensa y "con el convencimiento que su vida y la de su familia se hallaban en peligro". El mismo día se archivó la investigación.

Hoy, como antes, a Leo lo motiva ver que nada cambió, “que [en materia de seguridad] no está pasando nada”. Hoy, como un ciudadano más, solo quiere velar por sus derechos, reclamarlos. Hoy, solo pide qué se pueda vivir mejor.

Leo y Florencia en las elecciones juveniles del Partido Colorado de noviembre 2010.

Leo no es alto ni bajo, flaco, suele ir por la vida con una barba de unos días y el pelo un poco más largo de lo que le gustaría a un padre. Es un “loco medio tímido”, en sus palabras, y sus gestos dicen bastante lo mismo -se mira las manos durante toda la conversación-. Habla pausado, tranquilo y –sí, esta observación es bastante subjetiva- con denotada paz. Es un tipo que sabe lo que quiere: “trabajaré de lo que me haga más feliz [independientemente de los cinco años que le ha dedicado al estudio del Derecho] y pueda mantener una familia”. En diez años Leo quiere estar “casado, con trabajo, y con hijos”. En la política, el tiempo dirá. Hoy tiene 23 años.  

viernes, 11 de mayo de 2012

Puertas

Tengo que confesar que las entrevistas me generan sentimientos muy encontrados. Aproximarse a un otro totalmente diferente, entendiendo este acercamiento como un acto casi psicológico, me parece apasionante. -Poder vivir de eso, casi increíble, por no decir imposible, pero, por favor, dígale “no” al pesimismo antes de siquiera arrancar-.

Ahora, aproximarse a un otro totalmente diferente, que no tiene idea qué esperar de uno ni uno de él, en un acto tan íntimo como lejano, también me espanta. A veces, hasta las lágrimas.

Dicho esto, esta es la historia de una gran historia: la de Tama Ríos. Ella, cantante y afrodescendiente, de una personalidad tan atractiva como intimidante, no mira a los periodistas con buenos ojos. Tampoco con malos, pero al principio es una persona, digamos, desconfiada. No es para menos.

Dueña de una vida fascinante, llena de idas y vueltas, las imágenes que han proyectado los medios de Ríos le desagradan más veces de las que le gustaría. Ex inquilina del hoy extinto conventillo Medio Mundo, el pecho de Tama se hincha de orgullo cuando le preguntan por su infancia, pero no siempre la lectura que hace un reportero de esa pasión la termina convenciendo.

En mi defensa, cuando se nace quince años después de los hechos consumados -el edificio fue desalojado el 3 de diciembre de 1973-, la insensibilidad del periodista no se justifica, pero, por lo menos, puede ser un poco más "entendible".

Con todo, la conversación que mantuvimos por teléfono, sin conocernos de nada, fue más o menos así:

-Hola, sí, ¿hablo con Tama Ríos?
-Sí, soy yo -con voz de lo que no parecía ser un buen día-¡quién es?
-Ah, hola. Sí, bueno, mi nombre es Francisca y soy estudiante de Periodismo. Me dio tu número Ivonne Quegles, la concejal del barrio.
-¡Ivonne? -me contestó una recelosa Ríos.
-Sí, Ivonne -ya un poco más tímida- Bueno, estamos haciendo un trabajo sobre el Medio Mundo y nos gustaría hablar con usted si le...
-¡Vos quién me dijiste que eras?  

Y de ahí, solo barranca abajo. “¿Que quién sos tú para hablar del Medio Mundo? ¡Que es mi vida! ¡Que la importancia del respeto! ¡Que hoy nadie sabe lo que pasó ahí adentro!”. Mientras, desde el otro lado del tubo, Tama recibía solo balbuceos. Pero la entrevista terminó teniendo fecha y hora, y a mí el agua en los ojos no me dejaba anotar...

Poco sabía entonces de todas las fibras que podía tocar una vieja casona en las almas de muchos. Hoy, doy gracias por la gente que, a pesar de todo, sigue abriendo la puerta de su vida.



Conocé más de la historia de Tama aquí.

martes, 17 de mayo de 2011

5.760 horas

Dos horas al día, cuatro días a la semana, por quince largos años, suman 5.760 horas. Y cada segundo vivido con la intensidad y dedicación de la primera clase, en la que tenía solo 6 años. Claro que no siempre fue así, tan exigente. Empezó, como todo, de a poco. Un par de horas por semana y después un poco más y después un cambio de academia de ballet, porque, en tantos años, la posibilidad de que la maestra de los primeros pliés se jubile aumenta. A solo un año de presentarse en un llamado de la Compañía del Sodre, la única en Uruguay, y quedar entre las últimas de la lista -pero, por cuestiones de presupuesto, no hacerse de un lugar-, la bailarina reflexiona:"capaz que fue lo mejor, porque si quedaba y los horarios me coincidían con los de facultad, ¿qué hacía?".

Inés Carriquiry tiene 21 años y estudia Diseño de modas en la ORT. Está en su cuarto año, el penúltimo de la carrera. En un algún momento será licenciada y, como tal, hará de su tiempo lo que más quiera. Nada dice que no será el ballet.

domingo, 30 de mayo de 2010

“En la medida que uno conoce, queda menos lugar para el misterio”

Oscar Ordónez, sacerdote uruguayo, analiza junto a otros compatriotas la crisis en la Iglesia

Las escandalosas acusaciones a la Iglesia Católica de tolerancia frente a los casos de pedofilia han dado de qué hablar en la última mitad de año. Voces contradictorias se levantan desde ambos bandos de la contienda y nadie parece estar a salvo. Incluso la propia cabeza, el Papa Benedicto XVI. Pero, frente a este estado de crisis permanente que acosa a la Iglesia, se dejan entrever las primeras señales de esperanza.

En la última semana de abril, el Papa Benedicto XVI aceptó la dimisión de dos obispos implicados en casos de pedofilia. James Moriarty, cuarto obispo irlandés en dimitir de su cargo tras el destape de los casos de pederastia en su país; y Roger Vangheluwe, obispo belga que reconoció haber abusado de un menor hace varios años. Por ahora, estos son los últimos coletazos de la oleada de escándalos que sacude a la Iglesia Católica en Europa y América desde noviembre. Por ahora.

En los últimos meses de 2009, varios medios internacionales, con The New York Times a la cabeza, soltaron mucha tinta acusando a la Iglesia de Irlanda, no solo de no tomar medidas lo suficientemente drásticas con respecto a los casos de pedofilia, sino de ir incluso más allá colaborando en los encubrimientos.

Con tanta tinta derramada, los medios lograron despertar el interés del mundo entero, y de la Iglesia Católica más que el de nadie. Autoridades eclesiásticas se vieron obligadas por la situación -pero, de manera más especial, por su propia conciencia- a desvelar algo de las investigaciones que se llevan a cabo tras sus muros.

Es así como hoy sabemos que en los últimos nueve años se llegaron a analizar las acusaciones de unos tres mil casos de sacerdotes diocesanos y religiosos vinculados a delitos morales cometidos en los últimos cincuenta años. Así lo informó Charles J. Scicluna, promotor de justicia de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe, en una entrevista publicada por el diario Avvenire, de la Conferencia Episcopal Italiana. Ahora, vale aclarar: tres mil casos en cuatrocientos mil sacerdotes, una ínfima proporción.

El debate ha ido adquiriendo formas diversas, tocando todas las aristas de la cuestión. Entre ellas, la presunta relación entre el celibato y la pedofilia. Abundan, desde siempre, los cuestionamientos al celibato de los pastores de la Iglesia Católica. Y la pedofilia ha servido como una leña más de un fuego ya enardecido. Sin embargo, no existe evidencia de ningún tipo que vincule esta forma de vida con esta parafilia: el origen de tal desviación sexual nada tiene que ver con el sacerdocio.

"La pedofilia no se aprende y no se hereda. Tiene que ver con el desarrollo”, argumenta la Lic. Rosana Pombo, psicóloga y sexóloga clínica. La especialista aclara que en muchos casos el nacimiento de esta desviación sí tiene que ver con una inadecuada educación sexual en la infancia. “Cuando lo que da placer se asocia con lo prohibido, la prohibición, el castigo y la humillación se cargan de erotismo”.

Esta explicación va en consonancia con las interpretaciones del Lic. en Filosofía y profesor de Teología en la Universidad de Montevideo, Ignacio Pérez Constanzó. “Estas actitudes muchas veces son la respuesta a una época de educación muy puritana, que conduce a la sociedad al otro extremo; al extremo más laxo”, establece el académico. Y añade: “es lo mismo que sucede con la autoridad; y así pasamos de la dictadura al anarquismo”.

Pero el problema de entender la pedofilia no se agota en el análisis de sus causas. La característica más compleja de la enfermedad es la propia conducta del que la padece. Y esto es porque, cognitivamente, el pedófilo no considera inapropiada su tendencia, por lo que no suele presentar sentimientos de culpa o vergüenza. Es así como, tanto la actitud del pedófilo -que no tiene conciencia de enfermedad- como la de la víctima -que suele bloquear los recuerdos vinculados al abuso para evitar reactivar la situación traumática- no colaboran con el adecuado tratamiento del problema.

Vemos entonces como particularidades de la propia pedofilia entorpecen el accionar de la Iglesia en la materia. Con todo, bastante camino ha hecho.

Entre las últimas novedades de Roma, fueron titulares las declaraciones del Supremo Pontífice a los periodistas en su vuelo a Portugal en estos últimos días. “Hoy, las más grandes persecuciones a la Iglesia no vienen de fuera, sino de los pecados que dentro de la propia Iglesia” fue uno de los argumentos del Papa que mejor recepción obtuvo desde su carta a los fieles de Irlanda del 19 de marzo. Si bien el Santo Padre ha intentado en reiteradas ocasiones –también se reunió con las víctimas de abusos- emprender el camino de la justicia y reconciliación, para algunos no parece suficiente.

Y es que, otra vez, el problema de base es otro. “El cuestionamiento al Papa no es nuevo”, alega Pérez Constanzó. Pero incluso de mayor fuente de enfrentamiento sirven las aparentes diferencias de juicio entre la ley civil y la de la Iglesia. Según Oscar Ordóñez, cura párroco de la Iglesia de la Virgen del Carmen y Santa Teresita en el Prado, “lo entreverado de la cuestión es la diferencia entre la concepción del creyente de la del no creyente”. Porque lo que la ley establece como delito; la Iglesia lo califica como pecado. Y donde la ley pena; la Iglesia busca la absolución. Con esto no se quiere decir que la doctrina católica promueva una idea de hombre desligado de sus responsabilidades, sino que éste no es terreno donde la Iglesia pueda o deba intervenir.

La cuestión que sigue latente entonces es: ¿qué más puede hacer la Iglesia? Primera solución que se brinda desde el ámbito eclesial: “Tendrá que ser más cuidadosa en la selección de los candidatos al sacerdocio”, dice, como muchos otros sacerdotes, el padre Ordónez. Pero una solución más novedosa resulta la de “brindar espacios en los que se pueda discutir abiertamente estos temas, porque en la medida en que unos conoce, queda menos lugar para el misterio”.

Sin embargo, “la Iglesia no es una agencia de prensa”, establece Pérez Constanzó. Si bien la primera solución debe de ir por el camino de la acción, la comunicación de lo qué se hace y lo qué se deja de hacer también debe ser tomada en cuenta.

Para rematar, Ordónez apela al ánimo de “no violentar”. Porque no se le explica a un niño aquellas cosas que todavía no tiene la capacidad de entender. Del mismo modo, la gente sin fe, puede no estar en condiciones para entender determinadas cuestiones. El sacerdote se refiere más que nada a la incomprensión de algunos con su vocación al celibato. Incomprensión a la que él responde con total convencimiento: “vale la pena consagrar la vida”.

lunes, 29 de marzo de 2010

Florencia Bacelo: “Cuando me vine a vivir a Montevideo, mi vida cambió”

¿Sus planes a largo plazo? Viajar, viajar y viajar.

Florencia, de 20 años, estudia periodismo, pero rompe con todos los esquemas del comunicador clásico. Por ejemplo: le fascina ser payaso. Apasionada por cada uno de los proyectos en lo que se ha embarcado a lo largo de los años –clown, hockey, patín-, no puede predecir que va a ser de ella de acá a dos años. Algo alocado, eso seguro.

¿Por qué periodismo?

Entré por periodismo, sí, pero hoy estoy desorientada. En ese momento periodismo porque, como me acuerdo que dije en una de las reuniones para entrar en la universidad, me encantan los documentales. Era lo que más me gustaba del periodismo. Pero ahora me cambió un poco la visión de todo esto.

¿Y qué pensás hoy?

Más que nada destaco la función social tan buena que tiene el periodismo, porque es algo que no tenía tanto en cuenta antes y hoy me interesa mucho. Y eso hizo que hoy me interesara más, y que quiera saber más.
Cuando terminé sexto de liceo me interesaba periodismo, pero hasta ahí. Como soy del interior solo manejaba las “opciones básicas”, por decirlo de alguna manera. Dentro de ese esquema, comunicación fue lo que más me cautivó en ese momento. Tampoco es que me arrepienta.

Siendo del interior, ¿te costó adaptarte?

No. Pero todavía prefiero Maldonado. El olor, sus calles.

¿Pensas volver cuando te recibas?

Es mi idea, pero de acá a dos años… es impredecible. Yo que sé. También me encantaría viajar, esa es una gran tarea pendiente.

¿Te cuesta proyectarte de acá a dos años?

Sí. Me gusta la comunicación, pero siento que quiero seguir aprendiendo. Quiero viajar, conocer. Eso, por ejemplo, es algo que me gusta de Montevideo. Aprendes muchas cosas acá.

Pero alguna aspiración a largo plazo tenés, ¿o no?

Y bueno, sueños siempre hay. Viajar, eso seguro. Formar una familia, porque es la pirámide de la vida, es la base de todo.
Pero bueno, también me pasa que me proyecto con mis seres queridos, pero sé que a la larga algunos no van a estar, entonces me cuesta pensar en eso.

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Florencia es rubia y tiene una mirada penetrante. Alta y atlética, parece apropiarse de su silla sentada tan desestructurada, pero se acomoda de tanto en tanto. Mueve las manos al hablar y va cambiando la inclinación de la cabeza. Tan hiperactiva, no llama la atención cuando enumera la cantidad de actividades en las que ha incursionado.
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Por fuera del periodismo, ¿qué te gusta hacer?

El año pasado hice un taller de clown que me copó.

Para, para: ¿qué es eso?

Ser payaso, aprender a encontrar tu payaso, tu estado payasezco. Es diferente al teatro. Siendo clown, por ejemplo, podés ir a un sanatorio y animar tanto a jóvenes como viejos. No tenés un lugar, una edad, un público definido. Es re aplicable a la vida toda, me encanta. Este año voy a formar parte de una obra, “Mimo versus Clown” se llama. Me encanta, me encantaría seguir.

¿Es tu pasión?

Creo que sí, pero me falta explotarlo. Pero sí, siento que es para mí. Pero te quiero contar que también hago hockey sobre patines desde segundo de liceo, me encanta. Estuve en la selección. De los 4 a los 10 hice patín artístico. Llegué a estar en la preselección, pero dejé porque era desgastante. No me daba el tiempo para ir a los cumpleaños, que bueno, a esa edad es muy importante. Después empecé el hockey, y mi vida era el hockey.
Pero cuando me vine a vivir acá, mi vida cambió. De chica era muy deportista, me sentía triste cuando no podía hacer deportes. Y cuando llegué acá me hice más sedentaria. El ambiente del hockey acá no era el mismo que en Maldonado. Y me enganché con el clown. Y este año tuve que elegir sí o sí entre una cosa u otra, por la obra.

lunes, 22 de marzo de 2010

Novena entre diez hermanos, me horroriza sentirme sola

¿Como me veo en 10 años? “Casada, con bastantes hijos, trabajando y, por qué no, estudiando”

Estar acostumbrada a los eventos multitudinarios y al ruido hasta en el lunes más rutinario, son solo parte de las características propias de pertenecer a una familia numerosa. Capaz que en ese contexto no llame tanto la atención el rasgo que mejor me describe: el estrés. Siempre ansiosa, mantengo con mi agenda una enfermiza relación de amor-odio. Así y todo, con 20 años curso el tercer año de periodismo en la Universidad de Montevideo. Mi nombre: Francisca Otegui.

Te animás a definirte… ¿?
Uhh… (Se ríe con la mirada, está claro que no va a decir nada más.)

A ver… ¿el nombre de una persona con la que te sientas identificada?
Mi mamá. Sí, ya sé, a ti no te dice mucho. Pero no se me ocurre un ejemplo mejor. Tiene 54 años y sigue estudiando, literalmente. Cursa una materia por semestre hace cinco años y le faltan otros cinco más para alcanzar el título. “Licenciada en letras”, imponente. Pero capaz que eso tampoco te dice demasiado. A ver: es madre de 10 hijos, y siete son mujeres; piadosa como mi abuela -y eso es decir mucho-; dedicada a su marido y a su casa como si hubiera vuelto ayer de su luna de miel.

Pero ahora que me doy cuenta, no te contesté la pregunta, ¿o sí?

Nos reímos juntas; también está claro que eso es lo más cerca que voy a estar de una respuesta.

Tenés razón, mal yo. Capaz es mejor empezar por algo más liviano. Algo como: ¿a qué le tenés miedo?
¡Ay, a tantas cosas! A todo tipo de insecto, ba, a todos los animales; a las alturas; a la oscuridad…

Bueno, sí, muy bien, pero la pregunta no iba por ahí…
Ya sé, ya sé (logra decir entre risas).
Bueno, también a muchas cosas. No a la muerte. Eso seguro. Capaz que mi primer miedo sería a la soledad. No tanto a estar sola, sino a sentirme sola. Aunque no sé. Porque si lo pienso un poco más en profundidad, se me ocurren otras cosas. Por ejemplo, tengo terror a decepcionar a la gente que me quiere, que espera algo de mí. Tiene mucho que ver con que soy muy crítica conmigo.

¿Cuál es tu principal defecto?
El estrés. La ansiedad. Llamalo como vos quieras. Más que nada porque hace que sea insoportable convivir conmigo y mis preocupaciones por mucho tiempo. Por eso odio, pero en serio, ser tan estresada. Y, como te dije, ser tan auto-crítica; porque no me deja disfrutar más de las cosas. Podría seguir, pero me parece que te vas haciendo una idea.

¿Y virtud?
Para mí, que me guste ver lo bueno en la gente. Me hace pecar a veces de ingenua, sí. Pero lo prefiero así.

¿Qué te gusta hacer cuando estás de buen humor?
¡Esa sí es una buena pregunta! ¿Cuándo estoy de buen humor? Mirá, es importante que entiendas que para mí estar de buen humor es sinónimo de no tener presiones, nada pendiente en la agenda, ninguna preocupación. Y, bueno, sí, en ese contexto, hago cualquier cosa y la disfruto al máximo. Desde salir a bailar toda la noche a quedarme en casa leyendo cualquier cosa.

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Estoy sentada en el cuarto de mi casa que hace las veces de escritorio, laptop en mano. Sola, empiezo a dialogar conmigo misma y llego a algunas conclusiones sorprendentes, y a otras no tanto. En esta conversación insólita y surreal me – ¿o nos?- rige una sola consigna: no vale mentir.

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¿De qué te arrepentís?
Me mira callada por unos segundos, pensativa.
No sé. A ver: no te puedo decir que de nada, porque sería una mentira tremenda. Pero si pienso en mis “malas decisiones”, no sé, no todo lo que salió de ahí ha sido malo.

Capaz que mi mejor respuesta sería que me arrepiento de las oportunidades que no supe aprovechar.

Para terminar, una clásica: ¿cómo te ves en 10 años?
Casada, con bastantes hijos, trabajando y, por qué no, estudiando.