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viernes, 8 de junio de 2012

Historia de un militante joven

Corría el año 2005. Era el cierre de la campaña municipal de Pedro –Bordaberry, pero el apellido lo agrego por un tecnicismo, porque ni él lo dijo ni yo tuve la necesidad de preguntárselo- y Leonardo Alonso tiraba fuegos artificiales desde el camión que recorría Montevideo desde la Av. Arocena hasta el Centro, donde estaba el local del Partido Colorado. Leo –debería decir Leonardo, pero así no lo conocen todos, él es Leo- se acuerda de la gente, de la adrenalina y de la lluvia, “tremenda lluvia”, dice nostálgico del que fuera el primero de muchos cierres de campaña. Así, “de a poquito, de a poquito”, fue la entrada de Alonso a la arena política.

Dos años más tarde, el 2007 lo encontró inmerso en el revuelo de las primeras elecciones juveniles del partido, cuando el entusiasmo y las ideas comunes unieron al estudiante de Derecho con Nicolás Brause, Lucio Terra y varios jóvenes más que se animaron a conformar la colorada Lista 30. El mismo año se consagraba la agrupación Vamos Uruguay, emblema de Bordaberry y su renovación joven, y la militancia de Alonso iba in crescendo, como acompañando a las circunstancias. Para las presidenciales de 2009, “la 30” se convirtió en 1030 y, con esfuerzo, la agrupación juvenil obtuvo un diputado, el treintañero Juan Manuel Garino. En el 2010 el apoyo fue para Ney Castillo, quien con su lema “Hey, votalo a Ney” quiso ser electo intendente capitalino, puesto que terminó conquistando la comunista Ana Olivera.

Tanto en una contienda como en la otra, Florencia Piquet, novia de Leo desde mayo de 2006, lo recuerda muy activo. “Le encanta todo lo que sea pintar muros, hacer pancartas, hacer timbrazos, actos, caravanas, hacer banderas, hacer remeras, las reuniones y charlas con los asesores de Pedro, con los asesores de Ney”, y Piquet, casi obligada a recuperar el aliento, sigue enumerando, “charlas con gente de diferentes partidos, de diferentes barrios, de diferentes departamentos. Porque a Pedro”, refuerza la joven, “lo sigue a donde vaya”. En esas épocas, termina Florencia, “Leo no se pierde una. Está metido en la campaña al 100 % y cómo la disfruta. Aunque termine agotado…”.

Castillo le cede el micrófono a Alonso en plena campaña por las elecciones municipales de 2010.

Pero de izquierdas y derechas, nada. “No, no. A mí me gustan las personas. No soy tan ideológico”. Tampoco nada de tradiciones familiares. Incluso cuando toda su parentela de parte de madre es blanca. “Todos, todos”. Con un bisabuelo diputado por el Partido Nacional y un tátara abuelo que peleó con Aparicio Saravia –con sus restos en el panteón familiar como constancia-, hay mucha tradición. Pero Leo se la salteó. Tampoco es que se sienta tan diferente a cualquier militante blanco de su edad. De hecho, tiene un buen amigo tras líneas enemigas. Augusto Dell‘ Ava, compañero en la facultad de Derecho de la Universidad de Montevideo y concejal blanco por el CCZ 5 (Punta Carretas), asegura que siempre hacen rancho aparte en los asados de la clase, y pasan horas hablando de política. Están de acuerdo en todo: “Si somos primos hermanos ideológicos”.

¿Por qué colorado, entonces? En el polémico gobierno de Jorge Batlle, Leo casi seguía siendo un chiquilín. Pero el bichito de la política ya le picaba por todos lados. Alumno de The British Schools, muchos de sus amigos tenían padres políticos: “Carli” era el hijo de Carlos Ramela –secretario del entonces presidente-;  Andrés, de José Amorim –ministro de Educación y Cultura en 2004- y “Bondi” (Agustín) era el segundo de los tres hijos del mismísimo Pedro Bordaberry –ministro de Turismo por aquellos días-. Leo los veía, y le gustaba lo que hacían, y se identificó con ellos, y ta. No le dio más vueltas.

Con un entorno tan politizado parecería que no hay tiempo para otra cosa que, valga la redundancia, la política. Pero sí: hay un Leo más allá del militante. Y a ese le gusta la pesca, el campo, la playa, los asados con amigos y el fútbol 5. También, o al menos así se puede leer en su perfil de Twitter, jugar al tejo. Y sí, Twitter. Porque la suya es una militancia muy 2.0. “Sinceramente, no me gusta discutir personalmente. Prefiero evitar las discusiones. Capaz que por escrito me engancho más. Capaz que me siento más confiado escribiendo que hablando”, alega el propietario de una activísima cuenta en la red social del pajarito. El miércoles se podía leer en su tuit número 861: “Como decía Winston Churchill, una democracia es como una cometa, se eleva más alto cuando hay más viento en contra...”.

Pero no solo de política vive el hombre, tampoco en el mundo digital. Así, Leo asegura que no emplea su cuenta solo para hacer activismo político, también la usa para hablar con sus amigos – tuit número 841: “¿¿Salió jugar un horcado??”. Imagen: un ‘amigo’ siendo evidentemente sofocado por su propia bufanda- o para compartir observaciones vitales -tuit número 832: “Tirale un gato... Le arruinas el día…”. Imagen: un paseador de perros rodeado por aproximadamente 17 canes-. Lejos, muy lejos, de los casetes políticos. Porque, después de todo, argumenta: “la política es tan amplia, es la forma de pensar y de ser, que hasta me parece bueno que un político haga estas cosas, porque te muestran como es el loco”.

En esa línea, de escribir más que hablar, Leo creó este 23 de mayo el grupo de Facebook “Uruguayos X + Seguridad”. Con 2.440 miembros más y un alto nivel de participación, el grupo organiza marchas y manifestaciones y sirve de plataforma para debates o meros actos de catarsis colectiva. “La situación se fue de las manos, así no se puede seguir” es lo primero que se lee en la sección de información de la página.

La (falta de) seguridad es una de sus banderas políticas más fuertes. También las deficiencias de la Intendencia de Montevideo –entre ellas la organización del tránsito- o incluso la salud pública; pero la inseguridad, como dice la novia, “le toca de cerca”.

El 30 de octubre de 2011 entraron ladrones a la casa de la familia Alonso Bauer en Carrasco. Los delincuentes se encontraron con Leo y su padre adentro y los maniataron, golpearon y robaron. Tras el violento copamiento, el ambiente del hogar se volvió aún más tenso –la sensación de inseguridad ya se sentía en el barrio y continúa hasta hoy-. No había pasado un mes cuando, en la madrugada del 29 de noviembre, los Alonso se despertaron sintiendo otra vez ruidos en las afueras de su casa. El padre bajó armado y salió al patio, queriendo ver qué sucedía, pero no encontró nada. Escuchó un grito de su esposa y volvió a entrar a la casa donde, totalmente a oscuras, percibió una sombra que se movía y disparó. Cuando encendió la luz se encontró con el cuerpo, ya sin vida, de su hija de 24 años Federica.

Dos días después se llevaba a cabo la marcha por más seguridad organizada por Leo, junto a algunos compañeros del partido, tras el copamiento que había sufrido en octubre. Sobre esos días, Florencia recuerda como “Leo tuvo la fuerza de pararse ante 4 mil personas y dar un discurso. A mí se me caían las lágrimas y tenía una piel de gallina ‘insacable’. Después Leo me dijo que la fuerza no supo de dónde la sacó, se la dio Fede”.

El juez del caso indicó, nueve días después, que el padre había actuado en legítima defensa y "con el convencimiento que su vida y la de su familia se hallaban en peligro". El mismo día se archivó la investigación.

Hoy, como antes, a Leo lo motiva ver que nada cambió, “que [en materia de seguridad] no está pasando nada”. Hoy, como un ciudadano más, solo quiere velar por sus derechos, reclamarlos. Hoy, solo pide qué se pueda vivir mejor.

Leo y Florencia en las elecciones juveniles del Partido Colorado de noviembre 2010.

Leo no es alto ni bajo, flaco, suele ir por la vida con una barba de unos días y el pelo un poco más largo de lo que le gustaría a un padre. Es un “loco medio tímido”, en sus palabras, y sus gestos dicen bastante lo mismo -se mira las manos durante toda la conversación-. Habla pausado, tranquilo y –sí, esta observación es bastante subjetiva- con denotada paz. Es un tipo que sabe lo que quiere: “trabajaré de lo que me haga más feliz [independientemente de los cinco años que le ha dedicado al estudio del Derecho] y pueda mantener una familia”. En diez años Leo quiere estar “casado, con trabajo, y con hijos”. En la política, el tiempo dirá. Hoy tiene 23 años.  

viernes, 11 de mayo de 2012

Puertas

Tengo que confesar que las entrevistas me generan sentimientos muy encontrados. Aproximarse a un otro totalmente diferente, entendiendo este acercamiento como un acto casi psicológico, me parece apasionante. -Poder vivir de eso, casi increíble, por no decir imposible, pero, por favor, dígale “no” al pesimismo antes de siquiera arrancar-.

Ahora, aproximarse a un otro totalmente diferente, que no tiene idea qué esperar de uno ni uno de él, en un acto tan íntimo como lejano, también me espanta. A veces, hasta las lágrimas.

Dicho esto, esta es la historia de una gran historia: la de Tama Ríos. Ella, cantante y afrodescendiente, de una personalidad tan atractiva como intimidante, no mira a los periodistas con buenos ojos. Tampoco con malos, pero al principio es una persona, digamos, desconfiada. No es para menos.

Dueña de una vida fascinante, llena de idas y vueltas, las imágenes que han proyectado los medios de Ríos le desagradan más veces de las que le gustaría. Ex inquilina del hoy extinto conventillo Medio Mundo, el pecho de Tama se hincha de orgullo cuando le preguntan por su infancia, pero no siempre la lectura que hace un reportero de esa pasión la termina convenciendo.

En mi defensa, cuando se nace quince años después de los hechos consumados -el edificio fue desalojado el 3 de diciembre de 1973-, la insensibilidad del periodista no se justifica, pero, por lo menos, puede ser un poco más "entendible".

Con todo, la conversación que mantuvimos por teléfono, sin conocernos de nada, fue más o menos así:

-Hola, sí, ¿hablo con Tama Ríos?
-Sí, soy yo -con voz de lo que no parecía ser un buen día-¡quién es?
-Ah, hola. Sí, bueno, mi nombre es Francisca y soy estudiante de Periodismo. Me dio tu número Ivonne Quegles, la concejal del barrio.
-¡Ivonne? -me contestó una recelosa Ríos.
-Sí, Ivonne -ya un poco más tímida- Bueno, estamos haciendo un trabajo sobre el Medio Mundo y nos gustaría hablar con usted si le...
-¡Vos quién me dijiste que eras?  

Y de ahí, solo barranca abajo. “¿Que quién sos tú para hablar del Medio Mundo? ¡Que es mi vida! ¡Que la importancia del respeto! ¡Que hoy nadie sabe lo que pasó ahí adentro!”. Mientras, desde el otro lado del tubo, Tama recibía solo balbuceos. Pero la entrevista terminó teniendo fecha y hora, y a mí el agua en los ojos no me dejaba anotar...

Poco sabía entonces de todas las fibras que podía tocar una vieja casona en las almas de muchos. Hoy, doy gracias por la gente que, a pesar de todo, sigue abriendo la puerta de su vida.



Conocé más de la historia de Tama aquí.

lunes, 1 de agosto de 2011

Las otras, Ellas

Un acercamiento a la realidad afrouruguaya a través de los ojos de Leticia Rodríguez Taborda

“Quien lee de historia, mal o bien, tiene la panza llena, o medio llena, y ya creció; pertenece a una generación que no es la más joven de todas y tampoco es niño. Porque, mayoritariamente, el afrodescendiente es muy pobre; pocos leen, porque la lucha por la sobrevivencia ocupa mucho tiempo vivencial”.

Semejante reflexión pertenece al Medio de Difusión Afrodescendiente Ruda y Chocolate, y es parte de un texto más amplio, “Yo soy Ansina”. Como muchas de las más de 25 organizaciones del movimiento afro que trabajan en Uruguay, el nombre de esta revista responde a un símbolo profundo. La ruda con chocolate, hierba conocida por sus efectos abortivos, hace referencia a la forma en la que esta comunidad intenta recuperar su memoria histórica. Y Ansina, el renombrado negro que acompañó al prócer José Gervasio Artigas durante el proceso revolucionario, es su mejor bandera.

No porque le haya cebado mate al héroe nacional, tal como lo ilustran algunas estampillas, sino, precisamente, por esa misma “confusión” en la narración de la historia que los afros intentan reescribir. Empezando nada más y nada menos que por el nombre. Ansina nunca fue Ansina, sino Joaquín Lencina, y tampoco fue el sirviente de Artigas, sino su compañero. Tampoco estuvo solo. Encarnación Benítez, Soledad Cruz, Joaquín Ledesma y muchos otros negros contribuyeron en la construcción de la independencia uruguaya. Y merecen no solo que la historia los reconozca, sino que les dé el lugar que les corresponde.

Estas y otras reivindicaciones brotan de la boca de Leticia Rodríguez con la misma naturalidad con la que respira. “Que cerca del 10% de la población uruguaya es afrodescendiente -nada menos que 300.000 personas-, que casi un 80% de los jugadores de fútbol de las selecciones del mundo son de ascendencia negra, que tantísimas hierbas y medicinas de las que hoy tanto dependemos se las debemos a ancestros africanos”… y así, miles. Ninguna en tono de reproche, incluso frente a la directora del Museo Nacional Histórico Ariadna Islas, a quien le afirma tranquila y segura- y respetuosa- que el acerbo de la exhibición tiene una deuda con su comunidad.

Con 29 años, Leticia es una persona muy difícil de encasillar. Productora audiovisual, escritora y gestora cultural de la Casa de la Cultura Afrouruguaya; estudió en Israel y España, pero empezó en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, donde alcanzó el título de Procuradora.

Fue trabajando en Extensión Universitaria como viajó, en el 2000, hasta Bella Unión, el punto más al norte del país. “Allí me encuentro con que había una gran población afro-indígena en una situación muy marginal, y empiezo a entender un poco más las dinámicas de cómo se ha dado la cuestión de la pobreza en nuestro país, de una forma amplia, vinculado más que nada con la etnicidad”, declara. Y así, sin pensarlo, termina adentrándose de lleno en la problemática de los negros: “Es a partir de ahí que se me empieza a despertar un bichitio en el estudio de las prácticas afrodescendientes”.

Dejó entonces la Facultad de Derecho y estudió cooperativismo. A partir de ese momento, los objetivos de Leticia no conocieron límites.

La chica humilde de Carrasco Norte, de una familia “sumamente pobre, pero bien formada”, con una madre con estudios en arquitectura y un padre con formación en chapa y pintura, se fue a España en 2008 a estudiar Cooperativismo Artístico –entendiéndolo como el gran legado que podía trabajar en Uruguay-. De ahí a Israel a estudiar derechos humanos y el prejuicio. Para cuando volvió a Uruguay, Rodríguez ya sabía muy bien qué quería hacer con todo eso.

Hoy reparte su tiempo entre la producción y edición del boletín de la Casa de la Cultura Afrouruguaya “Generando un nuevo pensamiento”, ávida promotora de toda actividad en defensa de la tradición negra reparte folletos del próximo Día de la Trabajadora Doméstica este 19 de agosto, o pegatinas del Año Internacional de los Afrodescendientes este 2011, mientras trabaja en la Intendencia de Montevideo. Su reivindicación de la tradición se une con su ánimo de emprender y saca adelante “Tango de ayer y de hoy” donde en un transporte de pasajeros especialmente acondicionado recrea la época de antaño en un viaje hasta la milonga. Su pasión: su documental “Las Otras, Nosotras” –que permanece en la etapa de producción por la dificultad de encontrar fondos-, donde narra en primera persona el drama de la mujer afrouruguaya moderna.

Leticia le adjudica a su entorno –su familia, su abuela, sus tías- su insaciable interés por adentrarse en el mundo afro. Porque, explica, en su casa tenían un gran desarrollo de la conciencia de cómo asimilar todo el proceso de la discriminación racial que habían sufrido; sobre todo su mamá, que tiene mucha más cantidad de “mujer afro” que su papá, que es más mestizo.

Sea como fuere, Rodríguez, que admite haberse encontrado más de una vez con algún interlocutor “distraído” que, con inocencia, le dijo “ay, pero tú no sos tan negra”, se dedica por entero y como pocos a una causa que no conoce de réditos económicos pero le da una razón para levantarse por las mañanas.

Trabajo final



Leticia Rodríguez Taborda en fotos

martes, 17 de mayo de 2011

5.760 horas

Dos horas al día, cuatro días a la semana, por quince largos años, suman 5.760 horas. Y cada segundo vivido con la intensidad y dedicación de la primera clase, en la que tenía solo 6 años. Claro que no siempre fue así, tan exigente. Empezó, como todo, de a poco. Un par de horas por semana y después un poco más y después un cambio de academia de ballet, porque, en tantos años, la posibilidad de que la maestra de los primeros pliés se jubile aumenta. A solo un año de presentarse en un llamado de la Compañía del Sodre, la única en Uruguay, y quedar entre las últimas de la lista -pero, por cuestiones de presupuesto, no hacerse de un lugar-, la bailarina reflexiona:"capaz que fue lo mejor, porque si quedaba y los horarios me coincidían con los de facultad, ¿qué hacía?".

Inés Carriquiry tiene 21 años y estudia Diseño de modas en la ORT. Está en su cuarto año, el penúltimo de la carrera. En un algún momento será licenciada y, como tal, hará de su tiempo lo que más quiera. Nada dice que no será el ballet.

jueves, 29 de abril de 2010

Estructura del perfil de Graciana

Llegué a Grace gracias a una amiga en común (y fuente): Sofía. Entonces, a la hora de escribir, me pareció que podía ser interesante seguir un poco mi "apróximación" real a mi perfilado. Es decir: Grace desde la ópitca de Sofía, su compañera de inglés, que al principio nada entendía del Body Fitness.

En la estructura esto se tradujo así: la faceta de Grace de aspirante a traductora y cómo vive eso en paralelo a su práctica del deporte. Le sigue una explicación del deporte en sí.

Una vez entendido de qué estamos hablando, me decidí por narrar la experiencia "cronológica" de Mozzo: cómo arrancó y demás. Y después un poco de su día a día: el hoy.

Para rematar, quise describir un poco esa visión tan particular que tiene Grace acerca de cómo vivir el deporte. Cómo es una expresión de su personalidad. Cómo trata de volcar lo que aprende haciendo gimnasia en los demás ámbitos de su vida. Además de responder a cierto orden lógico, creo que daba un buen final.

Como recuadro elegí el tema de la vigorexia, arista que, si bien me parecía interesante, no creo que reflejara a Grace, por lo que no quería que fuera parte de la nota.

miércoles, 28 de abril de 2010

“No me gustan las cosas average”


Graciana Mozzo, de 19 años, sueña con ganar el campeonato nacional de Body Fitness

Hace poco más de un año, Graciana era solo una chica más. Alta y esbelta. Solo una joven del interior que intentaba adaptarse al ritmo de Montevideo para alcanzar un título. Algo de esa Graciana se deja entrever hoy cuando abre la puerta, de buzo y vaqueros. Pero, ni bien se pone la calza, aparece la Mozzo que renació en 2008: musculada y con madera de campeona. Porque, en sus palabras, nunca le complació lo promedio.

Basta una palabra para aterrar a cualquier joven uruguayo que persevera en el estudio del inglés como lengua extranjera.
Prof.
Así se conoce al Certificate of Proficiency in English (CPE), concedido por la Universidad de Cambridge solo a aquellos candidatos que alcanzan un nivel de dominio del idioma casi extraordinario.
Año a año, el mito del prof acosa a todos los candidatos que pretenden salvarlo. En junio y en diciembre. Y el año pasado, para Graciana Mozzo, no fue una excepción.

Graciana es de Maldonado y se mudó a la capital para cursar la carrera de Traductorado Público, que está radicada en la Facultad de Derecho. A principios de diciembre de 2009 dio el CPE junto a sus compañeros del Instituto de inglés Taal. Pero al mismo tiempo que rendía el examen, Graciana tenía una competencia de Body Fitness.
“Mientras íbamos a clase y estudiábamos, ella, a su vez, pasaba mucho rato en el gimnasio y seguía dietas muy estrictas. En todos los recreos sacaba su ‘Tupper’ con claras batidas, que según me contó sirven para aumentar la masa muscular”, cuenta divertida Sofía, compañera de inglés de Grace (como se hace llamar la joven bilingüe). Y sigue: “había días en que no podía comer alimentos sólidos, solo agua o café. A ella no le importaba: tenía su cabeza puesta en esa competencia, y quería ganar”.

¿Body qué? El fisicoculturismo -palabra que entronca los significados de cultura y físico- es un deporte basado en el ejercicio físico intenso, por lo general anaeróbico, que implica un entrenamiento con cargas. Tiene como fin alcanzar un cuerpo lo más definido, voluminoso y proporcionado posible en lo que refiere a la musculatura. Si bien por años se consideró un deporte de hombres, en 1980 se llevaron a cabo las primeras competencias femeninas.

Cierta censura social a estas prácticas, alimentada por estereotipos culturales acerca de la feminidad, provocó una evolución del culturismo femenino y el surgimiento de nuevas ramas: Fitness y Body Fitness. En estas modalidades priman las formas femeninas sobre el tamaño y el volumen. Una buena figura, un cuerpo bien definido, es en éstas el ideal de belleza.

A Grace, por su parte, siempre le gustaron las películas de Arnold Schwarzenegger. Siempre, desde chiquita. Incluso llegó a salir con un culturista antes de estar siquiera cerca de plantearse la incursión en el deporte.

Frente al riesgo de obsesionarse con el cuerpo ideal. Hoy se esparce entre los jóvenes “fierreros” la vigorexia, un trastorno alimenticio caracterizado por una preocupación perturbadora por el físico y una distorsión del esquema corporal. La voz de Grace: “uno tiene que tener la cabeza muy clara. En lo personal, me parecería muy mediocre solamente dedicarme al tema físico, como si fuera un pedazo de carne, sacándole toda cuestión filosófica”.

Ya pasaron dos años desde que Grace se instaló en Montevideo y se anotó en el gimnasio de la vuelta para ocupar la tarde que le quedaba libre después de ir a inglés. Sí, algún otro deporte había practicado. Ballet, patín, handball, pero nada muy en serio. Al tiempo se empezó a ver mejor, “más durita”. Por ese entonces pesaba solo 45 kilos: “era un palito”.

En el gimnasio Athletic conoció a una pareja de hermanos que hoy son sus grandes amigos. El mayor, Jonathan, era culturista; y el otro, Alex, estudiaba para convertirse en entrenador personal, pero manifestaba un interés creciente por los músculos de su hermano. Grace se alió con el menor y juntos empezaron a cambiar la dieta y a perfeccionar ejercicios.

La conversión radical se dio después de asistir a su primer campeonato en 2008. En sus palabras: “ahí empezó la locura”. De esos 45 kilos pasó a 56 y medio, “un disparate”. Después de la dieta de definición, bajó unos cuantos para después volver a subir de peso. Entre sumas y restas, Grace estima que habrá aumentado 4 kilos de masa muscular en un año, “muchísimo”. Hoy pesa 54.

A finales de 2009 compitió por primera vez. No le fue muy bien, “pero el juicio da de qué hablar”. Y parece que ésta no es solo su opinión personal. Después de la competencia, le llovieron decenas de solicitudes de amistad en Facebook. Eran aficionados que la felicitaban y alentaban. Ella no quiso entrevar las cosas, su vida privada con su faceta pública, así que creó a Grace Muhlets, su perfil profesional en la red social electrónica.
Con todo, la joven no se achica: “no hay que desanimarse con esas cosas, tengo bastante para meterle aún”.

Un cambio de vida. Al principio iba al gimnasio unas tres veces por semana, “como cualquier persona normal”. Hoy va cinco días de los siete, toda la mañana. Entrena con su amigo Alex, pero depende de las rutinas y ejercicios, ya que puede estar en período de ‘dieta’ o de ‘volumen’. “Empecé como su entrenador, hoy somos compañeros”, dice Alex, orgulloso.

Entre un ejercicio y otro, Alex pasa su brazo por la espalda de Grace y se lo apoya en el hombro, incluso la abraza y le da la mano. Graciana, cuando describe su pasión por el deporte, habla en plural: ella y su amigo/entrenador son un equipo.
Por otro lado también está la alimentación. El 60 por ciento del deporte, como le dicen algunos. En lugar de las cuatro comidas, ellos tienen seis, buscando acelerar el metabolismo respetando la absorción corporal. “Y eso influye un montón en la vida, en el sentido que me interfiere con los estudios y en el recreo de inglés tengo que comer las claras de huevo”, explica Grace.

Y no es cualquier comida. Alcohol: ni una gota; nada de aceites fritos – “si querés una milanesa, tiene que ser al horno, que es como comer cartón”-; y pollo todos los días. Pero Grace no se queja. Solo llora cuando se acuerda del azúcar: hace dos años que no toca un alfajor.

El gran problema está en todas las exigencias económicas que conlleva. Por ejemplo, cuando está a dieta come dos kilos y medio de suprema por semana, 80 claras de huevo, pan integral, papa, arroz… Y es más complicado porque la joven Mozzo es estudiante y depende cien por ciento de sus padres: “a veces me da cosa, por más de que no me digan nada”.
Ya para redondear la ilustración de su nueva vida, Grace agrega: “estoy un poco cansada, cuento con menos tiempo, y no somos muy amigos de la vida nocturna”.

Un día como tantos otros. Son las 9.30 del viernes. Graciana me recibe con un café en la mano, me muestra el gimnasio y nos sentamos frente a la mesa que hace las veces de recepción. Ella se sienta en la silla de plástico atrás del aparador como si fuera el más cómodo sillón. No hay nadie. Y así es como más le gusta: “somos medio acaparadores para entrenar, si no viene otro y me usa el aparato”, como si fuera de su propiedad. Pero explica: “en período de definición trabajamos con los tiempos cronometrados. No puedo tardar más de 45 segundos en arrancar con el próximo ejercicio, no me pueden estar usando el aparato”.

Rata Blanca entona de fondo “quiero saber si en verdad en algún lado estás…”. Alex y Grace empiezan por el calentamiento y discuten las rutinas del día mientras pedalean. Es un día de potencia para Grace, va a trabajar las piernas. Y Alex el pecho. Eso significa que se le van a pasar paseando de un extremo al otro del lugar.
Igual es viernes, un día liviano. Porque el descanso es de carácter obligatorio en este deporte. Literalmente. Sin un descanso adecuado y sueño el cuerpo no encuentra oportunidad para reconstruir y reparar las fibras dañadas, parte vital del proceso de hipertrofiar los músculos.

El sábado Grace asistirá a la Escuela Nacional de Entrenadores (ENADE), al curso que la prepara para desempeñarse como entrenadora personal, aunque no pretende dedicarse a tal profesión. Las clases las dicta Pablo Cabano, un gran exponente del culturismo uruguayo. Mozzo se desarma en cumplidos al hablar de él: “lo admiro mucho por lo que hizo, llegó a ser profesional de la IFBB [Federación Internacional], imaginate, estar con los gigantes de las revistas, y el trabajo que habrá llevado eso, su conducta, su pasión por el deporte”.

Esa tarde se reúne con el presidente de la Asociación de Fisicoculturismo y Fitness del Uruguay (AFFU). Van a evaluar en conjunto los resultados del campeonato. Grace busca entender mejor el dictamen del jurado, con miras a revertir el resultado en la competencia futura. Y el miércoles va a defender su examen de traductorado, ese que perdió el 9 de marzo. Por ello se está dejando el rubio, “porque son re soretes con esas cosas”. Después piensa reforzar su matiz rosa.

La estética más allá del músculo. Grace es de tez blanca, tiene ojos color miel y es rubia. Los rasgos de su cara son muy delicados, salvo cuando está haciendo fuerza y su cara toda se comprime. Está cerca del metro setenta de estatura y es muy proporcionada en sus formas. Además de musculada.

“Uno trata de exteriorizar su personalidad. A mí, por ejemplo, me encanta el rosado y busco reflejar eso en mí”. No hay más que verla para que eso quede claro. Desde su forma de vestir hasta su pelo: la melena rubia está adornada con destellos de fucsia. La malla para la próxima competencia, preciado regalo de una amiga, es rosado chicle con lunares plateados. Y hasta en su cuarto impera el color de las rosas.

Pero no hay que dejarse engañar por tanto tono pastel. La actividad a la que Grace dedica la mayor parte de su tiempo y energía es una de presión permanente por la propia superación. “Yo tengo ese perfil de persona que siempre le gusta exigirse. Me sentiría muy chata, o por lo menos no me sentiría yo, si me quedo solo con el estudio. No me gustan las cosas average”, dice convencida. Y si las cosas no salen, por lo menos lo intentó.

jueves, 15 de abril de 2010

Titulares y copetes

Reportaje: Salman Rushdie

Hábil fugitivo, aclamado por los reyes

En la vida de Salman Rushdie imperan los opuestos, que conviven en pseudo-armonía. Sus problemas comenzaron con “Los versos satánicos”, donde su historia osciló entre la ficción y lo real. Es que para el escritor “la frontera entre la realidad y la imaginación no es algo fijo”. Entre sus pares es tan aplaudido como repudiado. Otra contradicción casi armoniosa: condenado a muerte por el gobierno iraní es también Caballero de la Orden del Imperio Británico.

martes, 13 de abril de 2010

Santi

Santiago, con quince años, montaba a pelo a la yegua recién domada.
Estaba pasando sus vacaciones en un campo cerca de la capital. Con sus primos, se había pasado la mañana domesticando al animal.

Ahora ya era de tarde, y volvían a la carrera de dar una vuelta por el terreno.

Pero la lluvia había dejado en todo Canelones un suelo muy embarrado.

El animal se patinó. Y Santiago se cayó. Arriba de él, la yegua.

Era viernes santo.

No sabe bien cuanto tiempo pasó; seguro fue poco. Había perdido la conciencia y le costaba despertarse. De a poco, fue volviendo en sí. Y pensó por un instante que no tenía piernas: no las sentía.

A partir de ese momento, todo pasó muy rápido.
Sus padres volaron por la carretera y llegaron antes que la ambulancia. Y es que a ésta le costó llegar. Porque, al principio, ninguna quería ir. Pero, al final, el vehículo se digno a aparecer – y solo gracias a un amigo de la familia-.

De la ambulancia Santiago fue a parar al CTI, del CTI a la sala de operaciones, de la sala de operaciones a Miami. Y pasaron dos meses y un poco más.
Cuando volvió a Montevideo, casi no se podía mover. Pero el tiempo lo ayudó.
La fuerza de voluntad, auxiliada por la fisioterapia, fue la que lo llevó a caminar. Sus primeros pasos fueron motivo de una rapada generalizada por parte de amigos y hermanos. Era el principio de algo; fue el principio de mucho.

Once años pasaron.

Hoy, Santiago tiene el pelo rubio y bastante corto. Hace casi un año -cuando se recibió de Ingeniero Agrónomo- que lo raparon a cero.
Hoy, administra un campo. Se levanta, se sube a la camioneta, marcha para la estancia y, cuando llega, se sube al caballo. A todos lados lleva su silla de ruedas. Pero, antes de irse para afuera, hace fisioterapia.
En un día normal, Santiago mueve las piernas por unos treinta minutos. Estira, hace pesas y unos cuantos abdominales.

Todo esto sin una vértebra. Con la caída, uno de sus huesos quedó hecho polvo. Pero técnicamente se puede decir que sufrió una “lesión en la médula espinal”.